La salud en la actualidad enfrenta desafíos como la resistencia a la insulina, que afecta a muchas personas. Estudios recientes indican que las fluctuaciones bruscas de glucosa en sangre pueden provocar fatiga, irritabilidad y dificultades en la concentración, incluso en quienes no padecen diabetes. Estos picos de azúcar se relacionan con un aumento del hambre poco tiempo después de comer, independientemente de las calorías consumidas. Esto sugiere que nuestras “faltas de voluntad” podrían ser, en realidad, respuestas fisiológicas previsibles.
Jessie Inchauspé, bioquímica, ha experimentado esto en su vida. Nació en Biarritz y se trasladó a París a los cinco años. Tras un accidente a los 19, estudió bioquímica y se colocó un monitor continuo de glucosa, lo que le reveló cómo sus niveles de energía y estado de ánimo fluctuaban con su glucosa. En su libro Glucose Revolution, plantea que no se trata de prohibir alimentos, sino de entender cómo y cuándo consumirlos.
Por ejemplo, optar por desayunos salados con proteínas y grasas puede estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida.
“No se trata de tener más disciplina, sino de entender qué está haciendo tu biología”, dice Inchauspé.
Además, Inchauspé destaca que es vital cambiar la forma en que comemos, comenzando por alimentos como la fibra y los vegetales, seguido de proteínas y grasas, dejando los carbohidratos para el final. Este enfoque ayuda a que el pico de glucosa sea más suave y sostenible.
La bioquímica concluye que comprender la biología detrás de nuestras elecciones alimenticias puede transformar nuestra relación con la comida, permitiéndonos disfrutar de ella sin culpa. “No estamos rotos; nuestro cuerpo no es un enemigo”, enfatiza Inchauspé.
Jessie Inchauspé revela cómo un desayuno adecuado mejora la energía y reduce antojos.

