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Jorge Grippo

La dieta azteca 1

Los aztecas habitaban en un medio riquísimo en recursos y explotaban una inmensa variedad de alimentos, con los cuales complementaban una dieta basada principalmente en maíz. Se dice que esta dieta aumentaba su capacidad de resistir infecciones y de recuperarse de todo tipo de enfermedades, y que todos los aztecas, incluyendo a los plebeyos, estaban bien alimentados y no conocían la obesidad. Debido al clima de la cuenca de México, las plantas del desierto resultaban particularmente útiles como recurso alimentario. Son productivas en años normales, pero se vuelven esenciales en tiempos de sequía. Las más importantes son el amaranto, el mezquite y el maguey.

El amaranto crece con gran rapidez, en altas temperaturas y suelos secos. Puede prosperar en ambientes que van desde el trópico hasta el desierto, y del nivel del mar a una altitud de 3.000 metros. El grano contiene de 16 a 18% de proteína, con un buen equilibrio de aminoácidos; es muy rico en lisina (esto significa que puede remplazar a los frijoles). El índice de calidad proteínica del amaranto está entre 75 y 87, superior al de la leche de vaca. Las hojas de amaranto también son ricas en proteína y contienen mucha vitamina A.

El maíz y el amaranto eran los únicos alimentos que podían consumirse durante ciertos períodos rituales.

El alimento consumido por los aztecas de manera predominante fue evolucionando lentamente hasta culminar en “el alimento perfecto”: era I, bellotas; era II, mezquite; era III, cincocopi (“casi maíz”); era IV, acicintli (“maíz de agua”); era V, maíz.

El mezquite fue un recurso fundamental de los cazadores y recolectores de la región, parte de la dieta a lo largo de varios milenios, solo superado en importancia por el agave (maguey). Tiene las características ideales de un árbol que proporciona alimentos: condiciones de crecimiento que causan mínimas pérdidas de suelo y nutrientes; poca necesidad de riego; alto rendimiento; capacidad de fijar nitrógeno; producción de proteínas de alta calidad.

Las vainas secas enteras tienen unos 16 gramos de proteína, 3 gramos de grasas y 50 de carbohidratos por cada 100 gramos (valor energético combinado de 294 calorías). Las semillas son aun más ricas.

 

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